Meta verso
Adiós me voy de aquí
No tengo nada que perder en este mundo.
me mandó a mudar
a otro barrio con menos disturbios.
Donde puedo escapar del horror de la sociedad
Donde puedo tener un chalet en mí pobre pensión.
Con mis últimos pesos compré
estos lentes que dan solución
al dolor infernal
de vivir sin razón.
Por eso, hoy vengo a trasnochar al metaverso.
Me calzo los lentes y me escapo
por un rato, de esta enferma dimensión.
Me gusta, venir a este universo paralelo
aquí son más amables los humanos
y hasta el amor florece en estos suelos.
¡Atenti!
Aqui hay que mantener la compostura.
No hagamos las macanas que en la tierra
terminaron privándonos del cielo.
Ya sé, no es lo ideal
pero me empujan a tomar un nuevo rumbo
perdí la fe
porque yugo y no tengo futuro.
Yo creí en la paloma de paz que Picasso pintó
pero luego otra vez un misil derrumbó la ilusión
!Pobre ave se vino a encontrar !
con las garras de la humanidad
una especie rapaz
que perdió la razón!
Letra y música: Nicolás Tiripicchio
Paloma Porteña
En una plaza del sur
se detiene a comer
divisa desde un farol
el fulgor de un pan francés.
Media vainilla picó también
la que un purrete olvido al jugar
Se acostumbró a la dieta de la humanidad
es más sabrosa que un puñado de maiz.
Sus plumas grises
todo lo dicen:
allá en el cielo
reina el ollín.
Paloma porteña,
la más vagabunda de todas las aves.
Paloma porteña,
¿en qué pensarás?
Cuando te acercas a tu cornisa,
y nos ves electrizados
caminar por la vereda.
¿Por qué si no es tan puro el aire,
te quedás en Buenos Aires?
¿Acaso no te aturde,
el motor de la ciudad?
Despreocupado como vos
caminaré por capital,
sabiendo que siempre aparece
una miga de pan.
Anida en un capitel
de la gran catedral
no la fastidia el fragor
de una marcha popular.
Toda su raza escuchó el clamor
de los que luchan por dignidad.
Marchando en contra del sentido del reloj
jueves tras jueves reclamando la verán.
En la recova
busca refugio
cuando presiente
la tempestad.
Letra: Nicolás Tiripicchio
Música: Nicolás Tiripicchio / Santiago Cursach
Balconeando
Recitado
"Mi balconcito porteño
¡aprendí a quererte tanto!
Cuántas veces con un tango
consolaste mi tormento.
¡Qué grandioso fue el reencuentro!
Te tenía abandonado, sí.
Pero juntos de la mano
transitamos la pandemia
y vivimos la bohemia
de una vida sin horarios"
¡Qué julepe grande!
ya no hay qué nos sane,
estamos recontra embromados.
Pobres y magnates
prenden una vela en sus altares
pero el cielo ya no puede
proteger a los mortales.
Ayer lo vimos en series
hoy nos toca ser actores
de un guión aterrador
que se hace realidad
al vernos con barbijo
a la hora de comprar.
Hasta ayer furiosos
por pensar distinto
estábamos tan enfrentados.
Hoy nos ven unidos,
los ovnis que nos junan del espacio,
les da rabia que lo hagamos,
solamente por espanto.
Pensar que fuimos tan libres
y también los más pavotes,
mirando el celular,
enfrente a un monitor
pasábamos las horas
sin notar que brilla el sol.
Transmitiendo,
en bermuda y camiseta
de mí balcón,
para el resto del planeta.
Y me inquieta
el futuro tan incierto
porque ya me estoy quedando sin un peso
Balconeando,
aplaudiendo a les doctores
retratando los ocasos
rogando que termine este despiole.
La memoria familiar
Era una caja galletas Leiva
al destaparla revivía el tiempo,
guardaba fotos, unas cartas viejas
y aquél aroma que hay en los recuerdos.
Si un nubarrón tiznaba el firmamento
iba corriendo a destapar la caja.
Las viejas fotos que me saludaban
hacían de una tarde de tormenta
un hondo paraíso de nostalgia.
La piel de una foto impresa
mil veces yo prefiero acariciar.
¡No quiero sentir el hielo
de una foto digital!
Yo me quedo
con la tierna costumbre de contemplar,
en una tarde lluviosa,
la memoria familiar.
Los años vuelan, ya ha pasado un siglo,
hoy es más fácil congelar el tiempo.
¡Y ya de tanto retratarme tengo
miles de fotos ocupando un disco!
Tal vez un virus las infecte un día
y mi pasado perderá sus huesos.
No habrán recuerdos que sacudan mi alma
serán las nuevas tardes de tormenta
tan solo un aguacero sin nostalgia.
Letra y música: Nicolás Tiripicchio
Parque Juncal
Aquella cita en el café
fue más amor que realidad.
Nos fascinaba amanecer,
contando estrellas desde el bar.
Amábamos nuestro ritual,
después de trasnochar, ¡Volar!
Yo quisiera poder recordar,
en el banco del beso de ayer.
Pero ahora hay un cruel carcelero
que cierra la plaza con rejas de hierro.
¡Quién entiende al vecino de aquí,
tiene miedo después de la diez!
¡Qué impotencia me da,
no poder caminar
por la sendas del Parque Juncal.
Aquél afán de prometer,
mantiene vivo mi soñar.
Por eso llevo algún clavel,
cuando regreso a nuestro bar.
Tendré que aprender a olvidar
por algo la eligió el azar.
Letra y música: Nicolás Tiripicchio
Recuerdo en malvón
Por momento suelo verla
florecida en mi malvón.
Ha crecido desde un gajo
que robé de su balcón.
Nacen los retoños,
cada vez que un sueño,
me sorprende con su voz.
Era todo un paraíso
su jardín de dos por dos.
Lo regaba con sus ojos
que encendían mi pasión.
Sobre su cantero,
un sahumerio dulce,
perfumaba la pasión.
El amor que no pudo durar
se conserva mejor
en la flor de un malvón.
Mi patio está de fiesta,
¡en una maceta de lata,
mi bella pasión revivió!
Nunca habrá otra primavera
más frondosa y especial.
¡Tantas veces contemplamos,
el ocaso en la ciudad!
¿Dónde está aquel patio?
patio tan pequeño,
con espacio para amar.
Hoy te veo nuevamente
en el rojo de una flor.
Es un gran recuerdo vivo
que renueva nuestro amor.
Siempre yo he de verte,
estarás presente,
hasta que se apague el sol.
Primera quincena
Recuerdo que durante una semana
estaban esperando en la cocina
los bolsos que la vieja preparaba:
el tejo, la pelota y la sombrilla.
Pasábamos kilómetros cantando,
la ruta con su calma nos dormía,
soñábamos llegar para encontrarnos
la playa en el final de la avenida.
Primera quincena
con un círculo impaciente
señalaba tu llegada
mi almanaque de heladera.
Primera quincena
diez veranos oxidados
has dejado en el respaldo
de mi verde reposera.
Primera quincena
tus castillos en la arena
custodiados por gaviotas
guardan joyas de mi infancia.
Primera quincena
pagaría por andar
nuevamente con mi viejo
por tu calle peatonal.
Mis viejos caminando de la mano
luciendo como nunca se veían,
por más que se renueven los veranos
ni un poco se le acercan a esos días .
Tal vez si un sol de enero lo permite
seré quien acomode el equipaje
y un día acompañado por mis piba
podré pintar de nuevo aquel paisaje.
Letra: Nicolás Tiripicchio - Música: Andrea Bollof
La última tanda
Viernes
a tu magia me entrego
me arreglo el pelo
arde el fuego en mis labios.
Cargo en mi bolsa de seda
dos zapatos que entienden
mí alocada pasion.
Soy milonguera
un alma solitaria
que baila y se consuela.
Sufren mis blusas de satén
quieren recobrar su libertad.
Ya no están perfumadas como ayer
necesitan vagar por la ciudad.
Si danzar frente a frente es fatal
una máscara puedo vestir,
pero no me prohíban bailar
porque no lo podré resistir.
Vuelvo
al calor de febrero
en ese tiempo
abrazar no era un riesgo.
Nadie sospechaba en las pistas
que las tandas morían
sin decirnos adiós.
Y sin notarlo
en un salón de Almagro
bailé mí último tango.
Letra: Nicolás Tiripicchio
Música: Soledad Flores
Duendes de madera
Un buen día me libré
del pesar de la rutina.
Con un sueño y un cincel
esculpí mi nueva vida.
Con paciencia y con fe
le di la forma que soñé.
No me van a creer
me liberé del estrés.
Hace tiempo comencé
mi camino de artesano
No me van a oír quejar,
vivo al día pero canto.
Cantó porque logré
tener la vida que anhelé,
lejos de la ciudad
sin el barullo del tren.
Soy el gran soñador
que supo escapar
del mundo burgués.
Hoy regreso a cantar
mostrándole a usted,
que se puede cambiar
cualquier realidad,
¡Anímese ya!
a soñar sin temor
y será libre.
Arraigado en El Bolsón
olvide todas mis penas
encontré mi vocación
tallo duendes en madera.
Tengo un paño carmín
me vio soñar, me ve crecer.
Mi compañero fiel
siempre me supo entender.
Aprendí a vivir mejor,
meditando en la mañana.
Me detengo a ver el sol
me apasiona hablar del alma.
Alma que liberé
al empezar con mi atelier.
¡Vamos, arriésguense!
Sólo se vive una vez
Letra: Nicolás Tiripicchio
Música: Nicolás Pérez
Barrio privado
Barrio privado, no sos de los nuestros
de aquellos que brindan sus calles al pueblo
aislado del mundo, cuidado por cercos
sin golpes de mano que alteren tu sueño.
Tu árbol plantado siguiendo diseños
no baña de sombra al cansado viajero
prohibido vagar por tus calles de ensueño
silbando canciones que traigan recuerdos.
Barrio privado, privado de encuentros
no hay plazas que sean testigos de besos
tampoco hay esquinas con bares modestos
ni algún paredón confesando un te quiero.
Suburbios precarios rodean tu reino
anhelan tu suerte de cal y cemento
te miran de lejos con algo de celo
les duele la burla que le hacen tus techos.
Y yo que soy nieto del barrio de Homero
al ver tus garitas prohibiendo mi ingreso
me quiero piantar de este mundo moderno
un barrio no exige portar documento.
Alzar la voz
¡Saca y limpia la pelusa de la ropa!
nos anuncia un vendedor de la ciudad.
Es difícil detener a los peatones,
llevan prisa cuando van a trabajar.
Billeteras, caramelos y crayones
¡ Lleven pilas en envase original !
Todo ofrecen desgastandose las voces
cuesta mucho hacer un mango en la ciudad.
Disculpe por las molestias
tenemos que alzar la voz
que dios bendiga su viaje,
y a nosotros el vagón.
Suenan fuerte las canciones del ochenta
suenan cumbias, rock and roll y chamamé
tienen fondo musical nuestros vagones,
todo viene en calidad emepetres.
Vendedores de biromes y alfajores,
yugan juntos conservando la amistad.
No se rinden si en la calle no hay un cobre
sólo un busca sobrevive en la ciudad.
Almagro boxing club
La suerte me ha dado
su cuatro de copa.
Soy de una barriada
de chapa y cartón.
Prendido a mi sueño
zafé de la calle
no tuve otro credo
el box me salvó.
Supe amanecer en los umbrales
como el perro de la calle
que no tiene protección.
Las calles enfermas
de vicios fuleros.
Arrastran las almas a un gris callejón.
Dos horas del boxing
espantan el riesgo
de andar en la esquina
sin plan ni razón.
Vienen complicados estos tiempos
pero Almagro los enfrenta
con su viejo club de box.
Almagro boxing club
mi refugio en la ciudad.
Bajo un cielo de galpón
hoy se juntan a entrenar,
Los valientes que se quieren superar.
Almagro boxing club
me enseñaste a caminar.
Si la suerte tira un cross
me lo aguanto sin chistar,
sigo en pié nunca me canso de luchar
Don Prudencio nos contó
que es mentira el fracasar
no hay derrota que no enseñe a continuar.
Letra: Nicolás Tiripicchio
Música: Rodrigo Albornoz
A la gorra
Me sorprende el gran desfile de cantores
entregados a un rebusque universal.
Los artistas dejan todo en los vagones
no les queda otro camino por tomar.
En la fría terminal de Villa Urquiza
soportando el cruel desdén de la ciudad,
a la par de vendedores y mendigos,
un violero le hace frente a su verdad.
Es la dura realidad de los artistas,
pagan caro por lograr su libertad.
¡A la gorra hermano, ya no queda!
Otra forma de juntar una moneda.
¡A la gorra hermana, qué miseria!
¡Si hasta un pucho es bienvenido en la colecta!
Esta crisis que hoy arrasa haciendo estragos,
no podrá con la pasión de los bohemios.
No hay forma de frenar a los que sueñan
¡Gorra rea!
El canto no abandona la pelea.
Este siglo explotador que nos devora
no se apiada del cantor sentimental.
Lo condena a repetir durante horas
la canción que más aplausos suele dar.
Por fortuna siempre brotan las personas
que valoran su cansado trajinar,
siempre arriman a su gorra pechadora,
esos pesos que lo alientan a luchar.
Es la dura realidad de los artistas
pagan caro por lograr su libertad.
TANGO MORENO
¡Tango bravo!
ya no escondas
tu gen antiguo
el Africano.
Mostrá el color de tu voz
No maquilles tu piel, oh no!
Te bautizaron con nombre africano
en barrios del sur
bailes sagrados te dieron la magia
del pueblo bantú.
Nada mejor que sacar a la luz
todas las voces que habitan tu ser
África entera su ritmo te dió
no le respondas negando su piel
negando su piel
negando su piel.
TAKE AWAY
Los bares porteños
no visten más de sombrero.
Tiñeron su pelo
con los colores de otra ciudad.
De aquel refugio que tenía en un salón,
solo quedan las persianas.
La tierna mesa del ventanal
fue rematada al mejor postor;
reemplazaron su poesía
por un frío mostrador.
¡Take away!
Asi me invitan a tomar café.
Sin contar con media hora para descansar.
¡Quiero contemplar la vida transcurrir,
detrás de un ventanal del bar Seddon!
¡No pido más!
No pondrán jamás,
los vasos de papel,
matar a este flâneur porteño.
No marcho con prisa
con un cortado en la mano.
Yo freno si huelo
la cabellera de un viejo bar.
Porque ese aroma sopla el polvo del ayer;
y descubre una mañana:
cuando un pocillo me hipnotizó
con esa marca de rouge carmín,
que un adiós de blusa blanca
me dejó de souvenir.